10 marzo, 2014

Un palmo más de tierra


Un lunes como hoy (10 de marzo) aunque no fue lunes, las tropas norteamericanas bombardearon Tokio matando entre 75.000 y 200.000 personas. Fue un sábado de 1945.
La ciudad de Tokio tras el bombardeo del 10 de marzo de 1945. Fuente: Wikipedia

Dentro del marco de la campaña del Pacífico, tras los ataques de Pearl Harbor, el ejército norteamericano llevó a cabo varios bombardeos sobre la ciudad de Tokio, capital de Japón. Son considerados los bombardeos sin armas nucleares más devastadores de la historia. Los primeros se llevaron a cabo en 1942 por aviones B-25 y su principal resultado fue propagandístico.

A principios de 1945 se sucedieron varios ataques sobre la ciudad. En febrero, casi 200 aviones B-29 rociaron en Napalm unos 3 km2 de viviendas bajas en madera, provocando incendios masivos. El 4 de marzo se repitieron estos ataques con otros tantos aviones. Viendo el “éxito” (sí, entrecomillo éxito, porque dentro de una guerra cualquier muerte enemiga lo es, pero me niego a considerarlo así, sin la anestesia de las comillas) el día 10 de marzo se repitió esta estrategia. Más de 300 aviones arrojaron más de 1.500 toneladas de bombas incendiarias provocando un incendio masivo en la ciudad. Se alcanzaron en torno a 1000 ºC en el epicentro de los ataques y se estima que murieron más de 100.000 personas. Más muertes directas que en los bombardeos atómicos de Nagasaki e Hiroshima. Los últimos ataques se llevaron a cabo en agosto, a la par de los ataques atómicos. Más de la mitad de la ciudad había sido destruida.

La necesidad del hombre de masacrar al enemigo. La impersonalidad del sufrimiento civil. La falta de conciencia. La guerra, en resumen. En estos casos siempre me viene a la cabeza la estrofa de la “Canción del pirata” de Espronceda:

Allá muevan feroz guerra 
ciegos reyes 
por un palmo más de tierra; 
que yo tengo aquí por mío 
cuanto abarca el mar bravío, 
a quien nadie impuso leyes.

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